Saleh Almani: El traductor que hizo hablar en árabe a la Literatura Latinoamericana

 

 

 Mohamed Gomaa Tawfik | escribe 

Cuando leemos literatura universal a través de los ojos de un traductor genial, nos adentramos en mundos diferentes, conocemos sus mitos, palpamos sus preocupaciones y sentimos, profundamente, lo que su autor quiso transmitir. Así era Saleh Almani, cuyo nombre se erige como uno de los pioneros en la traducción de la literatura latinoamericana al árabe. Entre las calles de Barcelona y los callejones de Damasco, entre aulas universitarias y los puertos de trabajos arduos, Saleh Almani escribió su nombre con letras doradas en la memoria de la literatura traducida.

No fue simplemente un traductor; fue un verdadero puente entre la cultura latinoamericana y el lector árabe. A través de sus traducciones, logró transmitir el latido de América Latina, con su riqueza de mitos, cuentos populares y personajes inolvidables. Sus traducciones no eran simples traslados literales de palabras, sino una recreación que impregnaba los textos con el alma, las preocupaciones y los sueños de los pueblos latinoamericanos. El lector árabe, de pronto, se encontraba recorriendo los barrios de Bogotá o los pueblos ficticios de Macondo como si fueran parte de su cotidianidad.

Gracias a su incansable labor, Saleh Almani hizo que el lector árabe ingresara al fascinante universo del realismo mágico, acercándolo a autores como Gabriel García Márquez, Isabel Allende y Mario Vargas Llosa. En sus traducciones, lo cotidiano se transformaba en mito, y los sueños convivían con la realidad, erigiéndose como un emblema de la excelencia en la traducción literaria en el mundo árabe.

En un tiempo en que las fronteras culturales parecían infranqueables y las lenguas levantaban muros, Saleh Almani rompió esas barreras, creando un puente literario excepcional entre la literatura latinoamericana y el mundo árabe. Su viaje como traductor extraordinario comenzó en un pequeño puerto de Barcelona y terminó dejando un legado eterno de traducciones en la biblioteca árabe.


El inicio: 

De un campo de refugiados al nacimiento de un gran traductor

Nacido en 1949 en el campamento de refugiados Al-Aideen, en Homs, Siria, dentro de una familia palestina desplazada por la Nakba, Saleh Almani creció rodeado de historias de exilio y esperanza. Desde joven, la lucha de su gente le inspiró una fuerza que lo empujó hacia un futuro que jamás habría imaginado.

En 1970, un joven Saleh Almani llegó a Barcelona con la intención de estudiar medicina, cumpliendo el sueño de su familia de convertirlo en un médico prestigioso. Sin embargo, no sabía que el destino literario lo esperaba en un cruce crucial de su vida. Debido a dificultades económicas, tuvo que abandonar sus estudios médicos y trabajar en el puerto de Barcelona para subsistir. En ese entorno humilde, convivió con personas de los márgenes de la sociedad, como un errante en busca de sí mismo.

En medio de esas adversidades, la literatura tejió su red a su alrededor. Saleh comenzó a descubrir su vocación, que lo llevaría a cambiar radicalmente el rumbo de su vida.


Un encuentro con Cien años de soledad

Una tarde en Barcelona, mientras deambulaba por un pequeño café, un amigo le regaló un libro en español: la primera edición de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Ese libro se convertiría, años después, en la puerta de entrada de Almani al mundo de la literatura latinoamericana.

Él mismo relató: 

"Cuando comencé a leerlo, quedé impactado. Era un lenguaje mágico que me atrapó violentamente en sus páginas. Decidí traducirlo al árabe. De hecho, traduje dos capítulos, pero luego lo dejé de lado".

Aunque inicialmente lo abordó como un pasatiempo, la obra dejó una huella profunda en su espíritu. Esta experiencia marcaría su decisión de abandonar definitivamente la medicina y dedicar su vida a estudiar literatura hispanoamericana, un ámbito donde encontró su verdadera pasión.


La transformación hacia la traducción

Se podría pensar que traducir es solo trasladar palabras de un idioma a otro. Sin embargo, para Saleh Almani, la traducción era un arte y una pasión inagotable. Su camino en este mundo comenzó casi por accidente, al descubrir Cien años de soledad, una obra que cambió su perspectiva. Aunque inicialmente tradujo solo fragmentos de la novela, su regreso a Damasco marcó el inicio de su carrera profesional.

De vuelta en Siria, publicó sus primeras traducciones en periódicos locales, comenzando con cuentos cortos de Gabriel García Márquez. Más tarde, en 1979, culminó con la traducción de El coronel no tiene quien le escriba, una obra que llamó la atención de críticos y lectores árabes, marcando un hito en su trayectoria.

Hablando de aquella etapa, dijo: 

"Me di cuenta de que la traducción no era solo un hobby, sino una misión para transmitir mundos completos a lectores que no podían acceder a ellos".

Aunque intentó escribir su propia novela, pronto comprendió que su verdadero talento estaba en la traducción. Decidió abandonar la escritura creativa y dedicarse por completo a recrear la obra de otros, convencido de que era mejor ser un traductor destacado que un novelista mediocre.

A través de las traducciones de Saleh Almani, la literatura latinoamericana encontró un lugar en los corazones y bibliotecas de lectores árabes en todo el mundo. Entre las decenas de obras que tradujo destacan los trabajos de Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, José María Arguedas, Julio Cortázar y Miguel Ángel Asturias. Sus traducciones no solo rompieron barreras lingüísticas, sino que también integraron estas obras como parte del pensamiento y la cultura árabes.

Saleh Almani no fue solo un traductor; fue un puente entre dos mundos. Con su talento y dedicación, transformó textos extranjeros en joyas culturales para los lectores árabes, dejando un legado que vivirá por generaciones.

 

La Traducción: Un Arte, No Sólo una Transferencia Lingüística

Lo que hace de Saleh Almani una figura única es su profunda perspectiva de la traducción. No se limitaba a trasladar textos literalmente; traducía los sentimientos y pensamientos de los autores de una forma que hacía sentir al lector como si los escritores hubieran creado sus obras directamente en árabe. Con sus traducciones magistrales, Almani demostró que la traducción no es solo un acto de transferencia de palabras, sino una recreación del texto que lo hace vivir dentro de una nueva cultura, hablando su idioma y resonando con su esencia.

Un claro ejemplo de su genio literario es la traducción de Cien años de soledad, una obra que marca un hito en la literatura del realismo mágico. Almani logró traer esta obra, considerada una piedra angular de la literatura latinoamericana, al lector árabe con la belleza del lenguaje y el flujo narrativo intactos, manteniendo su magia y autenticidad latina.

Muchos lectores se preguntan si Saleh Almani era simplemente un traductor, pero la verdad es que era mucho más que eso. Era un creador, un socio invisible en el texto, añadiendo su toque literario y recreándolo con expresiones poéticas que nunca traicionaban la esencia del original. Sobre esto, el gran poeta Mahmoud Darwish dijo:

"Saleh Almani le dio a la literatura árabe una nueva dimensión con sus traducciones, que añadieron profundidad y humanidad a la literatura latinoamericana".


El Realismo Mágico: Una Mirada Árabe

¿Qué es el realismo mágico? Es un estilo narrativo que caracteriza a la literatura de América Latina, donde los detalles de la realidad se mezclan con la fantasía y los mitos. Este estilo único, conocido por autores como Gabriel García Márquez e Isabel Allende, combina lo real y lo fantástico en un tejido narrativo que deja al lector asombrado y fascinado.

¿Cómo Logró Saleh Almani Traducir el Realismo Mágico al Árabe?

Al traducir Cien años de soledad, el mayor desafío para Almani fue preservar su carácter mágico. Con un talento excepcional, consiguió presentar este mundo al lector árabe de una manera que le resultara familiar, ofreciéndole una experiencia cultural rica en símbolos y cargada de magia. Almani hizo que el lector árabe se sintiera inmerso en Macondo, ese pueblo ficticio, con todos sus detalles, como si fuera un lugar cercano que encierra su historia y tradiciones.

No fue simplemente una traducción; fue una recreación que hizo parecer que la obra había sido escrita originalmente en árabe. Gracias a las traducciones de Almani, los lectores árabes no solo comprendieron el realismo mágico como un género literario, sino como una filosofía de vida que aborda grandes contradicciones.


La Traducción: Entre Dialectos e Historia

Aunque dominaba el español, Almani enfrentó grandes desafíos al traducir la literatura latinoamericana. Una de las principales dificultades fue la diversidad de dialectos en los países de América Latina, donde una misma palabra puede tener significados completamente diferentes. Para superar estos obstáculos, Almani estudió intensamente la historia y la cultura de América Latina, incluyendo sus cuentos, leyendas y mitos.

Esta investigación lo llevó a estudiar en Cuba, donde se sumergió en la historia y las tradiciones de la región. Según él mismo explicó: 

"Mi estudio de medicina, junto con mi conocimiento de los pueblos de la región, sus condiciones de vida, sus cuentos, leyendas, dolores y música, me ayudaron enormemente a transmitir el espíritu de los textos con precisión".

Su enfoque meticuloso en comprender el contexto cultural e histórico de los textos que traducía añadió una profundidad humana a sus trabajos que iba más allá de las palabras.


Amor Primero, Dedicación Siempre

Aunque nunca conoció personalmente a García Márquez, su relación con las obras del escritor colombiano era casi de amistad. Tradujo sus escritos como si trasladara las visiones y emociones de un amigo cercano, capturando hasta los matices más sutiles. Para Almani, Márquez no era solo un escritor, sino un mentor e inspiración constante.

Cada novela que traducía representaba un nuevo encuentro que renovaba su asombro por la narrativa latinoamericana. Almani creía que la traducción no era solo trasladar textos, sino recrearlos en un nuevo idioma. Siempre decía:

"No traduzco una obra a menos que me enamore de ella".

Su método era meticuloso: leía el texto varias veces, traducía algunos capítulos y luego regresaba a leerlo de nuevo, lo que garantizaba una fluidez y facilidad en la lectura, sin perder la complejidad literaria.


Popularizando una Literatura Desconocida

Antes de Saleh Almani, la literatura latinoamericana era prácticamente desconocida para el lector árabe. Aunque hubo intentos anteriores de traducirla, ninguno alcanzó la difusión que lograron las traducciones de Almani.

Gracias a sus esfuerzos, los lectores árabes descubrieron las obras de Márquez, Isabel Allende, Eduardo Galeano, José Saramago, entre otros gigantes de la literatura. Su nombre se convirtió en un sello de calidad, suficiente para que los lectores confiaran en el libro, independientemente de su autor.

Entre sus traducciones más destacadas se encuentran: Cien años de soledad, una obra maestra del realismo mágico, El otoño del patriarca, una novela que aborda el impacto del poder político en las personas y la sociedad y Los árboles mueren de pie de Alejandro Casona, una obra teatral que exalta la humanidad y la superación de las adversidades.

Además de su carrera como traductor, Almani trabajó en la Agencia de Noticias Palestina, en la Embajada Cubana en Damasco y en el Ministerio de Cultura de Siria, supervisando proyectos editoriales y de traducción. También fue miembro de la Asociación de Traducción en la Unión de Escritores Árabes y dirigió talleres de traducción literaria en el Instituto Cervantes en Damasco.

 

Un merecido reconocimiento mundial

El legado de Saleh Almani no pasó desapercibido, ya que recibió numerosos premios y reconocimientos que reflejan su posición en el mundo de la traducción. Entre estos, destacan los otorgados por la Escuela de Traductores de Toledo de la Universidad de Castilla-La Mancha (2013). Algunos de los galardones más prestigiosos incluyen la Orden Palestina de Cultura, Ciencia y Artes por la Escritura Creativa (2014), el Premio Internacional "Gerardo de Cremona" de Traducción (2015), el Premio Internacional Rey Abdullah Bin Abdulaziz de Traducción (2016) en la categoría de logros individuales, y el Premio Sheikh Hamad de Traducción (2017).

El gobierno español también reconoció su labor otorgándole la residencia permanente en España, como homenaje a su papel en la difusión de la literatura hispanoamericana al mundo árabe. Este gesto se realizó a petición de cinco destacados escritores de América Latina, entre ellos Mario Vargas Llosa e Isabel Allende, en reconocimiento a sus contribuciones.


Testimonios eternos

La influencia de Saleh Almani fue tan profunda que se convirtió en parte de la memoria literaria de América Latina en el mundo árabe. No solo impactó a los lectores árabes, sino que también dejó una huella en los propios autores. Gabriel García Márquez, autor de Cien años de soledad, expresó su admiración por la maestría de Almani en la traducción de sus textos, afirmando en una entrevista: 
"Si supiera árabe, leería mis traducciones en la voz de Salé Almani".

Por su parte, Eduardo Galeano consideraba a Almani no solo un traductor, sino un compañero en el oficio, diciendo: 

"Saleh Almani no es solo un traductor, es un socio en la creación". 

Asimismo, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel en 2010, destacó: 

"El trabajo de Saleh Almani como traductor ayudó a difundir la literatura latinoamericana en el mundo árabe, y gracias a él, muchos de nosotros, los escritores latinoamericanos, somos leídos y conocidos en Oriente".

El poeta palestino Mahmoud Darwish llegó a describirlo como "un tesoro nacional que debe ser preservado".

Críticos literarios en el mundo árabe coincidieron en que las traducciones de Almani alcanzaron altos estándares de precisión y belleza. Su trabajo logró transmitir las intenciones de los autores sin perder la esencia literaria. Las traducciones de Almani se convirtieron en un refugio para los amantes de la literatura latinoamericana, quienes encontraron en ellas textos profundos e inspiradores.

La contribución de Almani no se limitó a la traducción de novelas, sino que también influyó profundamente en el desarrollo de la literatura árabe. Su estilo inspiró a escritores árabes, quienes adoptaron la mezcla de realismo y magia como una forma innovadora de expresar sus visiones. Elias Khoury describió a Almani como "más que un traductor; un socio en la creatividad", destacando la singularidad de sus traducciones, que dejaron una marca indeleble en la literatura árabe.


El traductor del alma

Uno de los mayores elogios hacia Saleh Almani fue llamarlo "el traductor del alma", un título que bien mereció. Traducir el alma no se logra solo con palabras, sino con una comprensión profunda del texto y de la vida de los personajes, hasta que la traducción se convierte en una representación viva de sus significados.

Almani logró dar vida a las palabras, haciendo que el lector sintiera la profundidad de las emociones y viajara entre las líneas de las novelas como si caminara por las calles y callejones de los pueblos latinoamericanos. Su enfoque no buscaba una traducción literal, sino una fidelidad al espíritu del texto, convirtiéndolo en un artesano del alma del texto, que insuflaba vida a la literatura en su nuevo idioma.


El legado inmortal de Saleh Almani

A la edad de setenta años, el 3 de diciembre de 2019, Saleh Almani dejó este mundo. Sin embargo, dejó un legado presente en la biblioteca árabe y una herencia literaria inmortal. Sus traducciones hicieron que la literatura latinoamericana formara parte de la experiencia cultural árabe, y su realismo mágico inspiró a generaciones de escritores.

Saleh Almani no fue solo un traductor; fue un embajador de la literatura, un hombre que redefinió la relación entre el lenguaje y la cultura. A través de sus traducciones, hizo que el lector árabe formara parte de mundos desconocidos, no como un receptor pasivo, sino como un socio en un sueño que unió dos culturas y dos continentes.

Los textos de García Márquez, Allende y Vargas Llosa fueron solo una muestra de lo que ofreció al lector árabe. No eran meras novelas; eran vidas y relatos de personas unidas por la pasión, la esperanza y el sufrimiento.

Las personas parten, pero los legados literarios perduran. Saleh Almani sigue siendo una inspiración para la próxima generación de traductores, un modelo de traducción literaria genuina que exige una comprensión profunda de los textos.

Su legado es un testimonio del poder de la palabra y su capacidad para romper barreras. El nombre de Saleh Almani permanecerá grabado en la memoria de la literatura árabe como un símbolo de lealtad y creatividad; un hombre que hizo de la traducción un arte y de la literatura un mensaje humano universal, que traspasa fronteras y lenguas, uniendo civilizaciones en un puente continuo. Almani le dio a la traducción árabe una voz vibrante en las bibliotecas de los lectores y en los corazones de aquellos a quienes sus traducciones llevaron a mundos lejanos, donde descubrieron que no estaban tan lejos de esos sueños y relatos que se asemejan a nuestras propias historias y sueños.


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Mohamed Gomaa Tawfik

Hispanista egipcio, traductor de español y asesor cultural.

Ensayista de asuntos culturales hispánicos.

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