Latidos mágicos del Flamenco (4)
Por| Mohamed Gomaa Tawfik
Los días pasan rápidamente así como los momentos interesantes y felices
desde que Sara puso pie en el aeropuerto de Madrid, y continúa su viaje de
descubrimiento de una nueva cultura y de sí misma también.
¡Bueno!, es el cuarto día...
Sara llega al barrio del Albaicín en Granada, donde
los espectáculos de flamenco atraen a visitantes y turistas de todos lados,
como si el flautista de Hamelín tocara su flauta para encantar a los vagabundos
confundidos y niños perdidos. Por un momento, sintió que tal vez era algún
festival o una celebración nacional, o el cumpleaños de algún santo. No te
rías... por supuesto, querido lector, no hay nada de eso, sino que es lo
habitual en el sur de España, aunque ella aún no lo sabe.
Sara entra en una cueva tradicional decorada con
arte auténtico y patrimonial. La música comienza a sonar con un ritmo
distintivo, relajante y nuevo. Mientras su corazón tiembla con asombro, emoción
y placer, los sonidos de los tambores y el cajón se elevan, y la bailaora se
lanza con sus movimientos ágiles y sorprendentes, dejando a todos los presentes
maravillados.
Sara decide unirse a una clase de flamenco, donde
aprende los conceptos básicos de un maestro experimentado del sur de Andalucía
llamado Maurillo. Cada movimiento en el baile contaba una historia del
patrimonio español.
Cuando terminó la clase, Sara se sintió como si se
hubiera convertido en parte de la cultura que estaba aprendiendo. ¿O queda
aún mucho por descubrir en el viaje? ¿Es lo que ha visto hasta ahora
solo una madeja blanca en la cabeza de uno de los negros toros furiosos de
Sanfermines?

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